Enterrando a la Mama Tránsito Amaguaña

Quise estar en el entierro de la Mama Tránsito Amaguaña más allá de toda la fanfarria mediática que se armó por este tema. Ir al entierro de una mujer como ella, significa para mí, decir en voz alta: así quiero ser.
Y si bien era el entierro de la mama Tránsito, no me cabe la menor duda de que cada paso me llevaba a la mama Dolores Cacuango. Porque el conjunto de mujeres que desde Cayambe impulsaron la organización más contemporánea del movimiento indígena, ha sido para esta mujer de a pie, la posibilidad de encontrar un referente real, sólido, verdadero, de mujeres mujeres. No me veo reflejada en la pobre doña Manuela Sáenz que pretenden mostrarnos como LA MUJER QUITEÑA…(con mayúsculas y con actos y óperas y libros publicitados y…) “La libertadora del Libertador”. A la mierda!! Pasar a la historia por el buen (o mal) romance con un hombre, por amar a un hombre a través de un proyecto, no se me antoja.
En cambio, cada vez que pienso en la Mama Dolores Cacuango, en la Mama Tránsito Amaguaña, Angelita Andrango y todas las otras mujeres de la época siento un nudo en la garganta que nunca pasa. Y es por sus vidas fuertes, de mujeres mujeres, nunca sombras detrás de un “gran hombre”. Mujeres que se han ganado todo el sitio que tienen en la historia de este país, caminando por la noche, solas, escondiéndose de los soldados en los ríos, en las quebradas. Inundando Quito, el país, presas, comunistas. Indias indianizando este país de machos blanquitos.
Así que salimos de Quito con la Maricita que salía de la universidad y de ahí hasta Cayambe donde nos encontramos con la Doña Sole (así le dice la Maricita) para subir en el bus contratado hasta La Chimba. El bus alcanzó a llegar hasta el patio de la antigua casa hacienda y desde ahí a pie hasta la casa dónde se realizaba el velorio. En la buseta contratada desde Cayambe, fuimos con un conjunto de mujeres que venían desde distintos lugares del país: la amazonía, Esmeraldas, Machala; todas habían traído alguito para “el descanso”: la comida después del funeral. Todo el camino fue hecho entrelazando dos hechos: la presencia de Correa en el funeral y las anécdotas de los diversos encuentros de estas mujeres con la Mama Tránsito.
Cuando empezamos a caminar, las serranas (es decir, la Maricita, la Sole y yo) nos adelantamos. Todo el camino era un largo desfile de gente. Unos de negro, otros más coloridos; en ciertas encrucijadas del camino, aparecían quienes habían llegado en su carro propio y pretendían llegar “elegantes y discretos” hasta el sitio del velorio. ¿Se debía todo esto al entierro o a la presencia de Correa en el lugar? Sin embargo, el camino era un goteo de gente que poquito a poquito avanzaba, permanecía en la vera del camino esperando la procesión del funeral o ganaban puesto ya, para la ceremonia del entierro que se realizaría en los patios de la casa hacienda.
La casa del velorio se distinguía desde lejos y conforme avanzábamos, el volumen de los discursos nos daba a entender que nos acercábamos. Por supuesto, el presidente había llegado para la misa en helicóptero y con él, toda la tracamandanga de funcionarios y funcionaritos: el presidente del Congresillo, el reelecto prefecto de la provincia de Pichincha, la Secretaria de no sé qué cosa complicada, la asambleísta fulana, asambleístas comunicadores y una serie de encorbatados. Obviamente para tanta gente importante se hacía necesaria una fuerte protección policial. ¿De quién o qué se puede proteger en un velorio, en el páramo? No sé. Ironías del destino, a esta mujer la persiguieron los soldados y a la hora de su muerte, pretendían “protegerla”. Y por supuesto, para bien o para mal, periodistas, fotógrafos y camarógrafos para escoger.
Ya en el lugar de la misa y como en cualquier velorio, nos íbamos juntando los conocidos. La alegría de encontrarnos, los abrazos, comentarios y chismes. Por ahí estaba la Irma avisando que no estaría en el taller del fin de semana porque se va a Bolivia. Más allá el Flores trepado por encima de todo el mundo. Los compañeros de la DINEIB que ya no se sabe de qué lado están, así que hay que saludar con cautela: no vaya a ser que entre tanta fragmentación una termine metiendo la pata. Pero lindo ver a tanta gente querida. Por ahí me llamaban para avisarme que por este lado estaban “los importantes”. Y claro “los importantes” son todos queridos ex compañeros, que ahora ocupan importantes cargos en todos lados.
En la misa el cura aprovechaba para decirle al presidente: todo proceso social se hace con gente; sin gente no hay ningún proceso. Y la presidenta de La Chimba también le decía: no vamos a aceptar la ley de Minería, ni la de Aguas. Y claro, ahí justo, el presidente ya deseaba retirarse. Así que salían y salían todos los importantes, quedaban los de menor categoría: ministras que habían pretendido controlar el formato del funeral, asambleístas. Seguramente esos asomaron en los noticieros y todo el país supo que estuvieron ahí en La Chimba.
Pero afortunadamente, en el velorio también estuvieron otras personas, la gente de la zona, viejitos, jóvenes, niños de las escuelas. Y no creo que todos estuvieran ahí por la presencia de Correa. Como me contaron, don Correa se preguntó todo el tiempo, ¿porque tanta resistencia? Imposible entender para quien llegó en helicóptero y no caminó entre los grupos de gente que en murmullos conversaban todo el camino. No creo que lo entendiera porque donde él ve y/o negocia con dirigentes, hay por lo general procesos que no se encarnan en los individuos.
Hubo además, una imagen que me encantó, un hombre joven, recorría todo el velorio con un letrero que decía: APRENDA QUICHUA (así escrito, nada de kichwa unificado) y al parecer vendía manuales de aprendizaje y de tanto en tanto la gente lo rodeaba, en otras se paraba solo con su maleta, sus manuales y su letrero.
Cuando terminó la misa, el ataúd pasó a realizar el último recorrido por su casa, en el sentido contrario al del reloj, acompañado de toda su familia. Ahí estaba don José Amaguaña a quien hace un tiempo tuve el gusto enorme de conocer y quien me brindó una charla larga y una cerveza (a regañadientes de sus hijas). Al final del recorrido, “los granitos” de Mama Tránsito encabezaron la procesión hacia su tumba. Después de hacer el recorrido de “regreso”, en un ritual familiar, los granitos de ella: cebada, habas, maíz, se convirtieron, a mis ojos, en su propia semilla. El indicativo de que todo volvería a empezar. Cada final, otro comienzo.
De ahí empezamos nuevamente el viaje hacia la tumba que, además sugerentemente estará ubicada en los patios de la antigua hacienda contra la que luchó toda su vida Tránsito Amaguaña. Como una burla a los patrones que la encarcelaron, persiguieron y condenaron, el cuerpo de esta mujer permanecerá en la tierra por la que peleó y de la que al final, tuvieron que salir los patrones. Ella no.
Después de un buen rato, nos fuimos yendo. Las que fuimos en bus o caminando, regresamos de la misma manera, riéndonos además porque bajamos peor que costal de papas. Solo la Mary es capaz de ser guapa en estas circunstancias. Los que fueron en helicóptero, carro oficial y chofer, de la misma manera. “La izquierda bien vestida, jamás será vencida” dice un amigo mío y si uno sólo mira los resultados electorales presidenciales así mismo ha sido.
Sin embargo, me quedo con la certeza inmensa de que los procesos son largos, tan largos como la vida de Mama Tránsito. Y quien se imagine que el silenciamiento del movimiento indígena es definitivo, es porque nunca leyó un poco de historia. Quien crea que el movimiento indígena está acabado, no ha sentido el racismo golpeándole la piel. En estas tierras de montañas siempre hay alguna profecía rondando entre los árboles: “volveré y seré millones” me pareció oír en algún momento.
Y si bien era el entierro de la mama Tránsito, no me cabe la menor duda de que cada paso me llevaba a la mama Dolores Cacuango. Porque el conjunto de mujeres que desde Cayambe impulsaron la organización más contemporánea del movimiento indígena, ha sido para esta mujer de a pie, la posibilidad de encontrar un referente real, sólido, verdadero, de mujeres mujeres. No me veo reflejada en la pobre doña Manuela Sáenz que pretenden mostrarnos como LA MUJER QUITEÑA…(con mayúsculas y con actos y óperas y libros publicitados y…) “La libertadora del Libertador”. A la mierda!! Pasar a la historia por el buen (o mal) romance con un hombre, por amar a un hombre a través de un proyecto, no se me antoja.
En cambio, cada vez que pienso en la Mama Dolores Cacuango, en la Mama Tránsito Amaguaña, Angelita Andrango y todas las otras mujeres de la época siento un nudo en la garganta que nunca pasa. Y es por sus vidas fuertes, de mujeres mujeres, nunca sombras detrás de un “gran hombre”. Mujeres que se han ganado todo el sitio que tienen en la historia de este país, caminando por la noche, solas, escondiéndose de los soldados en los ríos, en las quebradas. Inundando Quito, el país, presas, comunistas. Indias indianizando este país de machos blanquitos.
Así que salimos de Quito con la Maricita que salía de la universidad y de ahí hasta Cayambe donde nos encontramos con la Doña Sole (así le dice la Maricita) para subir en el bus contratado hasta La Chimba. El bus alcanzó a llegar hasta el patio de la antigua casa hacienda y desde ahí a pie hasta la casa dónde se realizaba el velorio. En la buseta contratada desde Cayambe, fuimos con un conjunto de mujeres que venían desde distintos lugares del país: la amazonía, Esmeraldas, Machala; todas habían traído alguito para “el descanso”: la comida después del funeral. Todo el camino fue hecho entrelazando dos hechos: la presencia de Correa en el funeral y las anécdotas de los diversos encuentros de estas mujeres con la Mama Tránsito.
Cuando empezamos a caminar, las serranas (es decir, la Maricita, la Sole y yo) nos adelantamos. Todo el camino era un largo desfile de gente. Unos de negro, otros más coloridos; en ciertas encrucijadas del camino, aparecían quienes habían llegado en su carro propio y pretendían llegar “elegantes y discretos” hasta el sitio del velorio. ¿Se debía todo esto al entierro o a la presencia de Correa en el lugar? Sin embargo, el camino era un goteo de gente que poquito a poquito avanzaba, permanecía en la vera del camino esperando la procesión del funeral o ganaban puesto ya, para la ceremonia del entierro que se realizaría en los patios de la casa hacienda.
La casa del velorio se distinguía desde lejos y conforme avanzábamos, el volumen de los discursos nos daba a entender que nos acercábamos. Por supuesto, el presidente había llegado para la misa en helicóptero y con él, toda la tracamandanga de funcionarios y funcionaritos: el presidente del Congresillo, el reelecto prefecto de la provincia de Pichincha, la Secretaria de no sé qué cosa complicada, la asambleísta fulana, asambleístas comunicadores y una serie de encorbatados. Obviamente para tanta gente importante se hacía necesaria una fuerte protección policial. ¿De quién o qué se puede proteger en un velorio, en el páramo? No sé. Ironías del destino, a esta mujer la persiguieron los soldados y a la hora de su muerte, pretendían “protegerla”. Y por supuesto, para bien o para mal, periodistas, fotógrafos y camarógrafos para escoger.
Ya en el lugar de la misa y como en cualquier velorio, nos íbamos juntando los conocidos. La alegría de encontrarnos, los abrazos, comentarios y chismes. Por ahí estaba la Irma avisando que no estaría en el taller del fin de semana porque se va a Bolivia. Más allá el Flores trepado por encima de todo el mundo. Los compañeros de la DINEIB que ya no se sabe de qué lado están, así que hay que saludar con cautela: no vaya a ser que entre tanta fragmentación una termine metiendo la pata. Pero lindo ver a tanta gente querida. Por ahí me llamaban para avisarme que por este lado estaban “los importantes”. Y claro “los importantes” son todos queridos ex compañeros, que ahora ocupan importantes cargos en todos lados.
En la misa el cura aprovechaba para decirle al presidente: todo proceso social se hace con gente; sin gente no hay ningún proceso. Y la presidenta de La Chimba también le decía: no vamos a aceptar la ley de Minería, ni la de Aguas. Y claro, ahí justo, el presidente ya deseaba retirarse. Así que salían y salían todos los importantes, quedaban los de menor categoría: ministras que habían pretendido controlar el formato del funeral, asambleístas. Seguramente esos asomaron en los noticieros y todo el país supo que estuvieron ahí en La Chimba.
Pero afortunadamente, en el velorio también estuvieron otras personas, la gente de la zona, viejitos, jóvenes, niños de las escuelas. Y no creo que todos estuvieran ahí por la presencia de Correa. Como me contaron, don Correa se preguntó todo el tiempo, ¿porque tanta resistencia? Imposible entender para quien llegó en helicóptero y no caminó entre los grupos de gente que en murmullos conversaban todo el camino. No creo que lo entendiera porque donde él ve y/o negocia con dirigentes, hay por lo general procesos que no se encarnan en los individuos.
Hubo además, una imagen que me encantó, un hombre joven, recorría todo el velorio con un letrero que decía: APRENDA QUICHUA (así escrito, nada de kichwa unificado) y al parecer vendía manuales de aprendizaje y de tanto en tanto la gente lo rodeaba, en otras se paraba solo con su maleta, sus manuales y su letrero.
Cuando terminó la misa, el ataúd pasó a realizar el último recorrido por su casa, en el sentido contrario al del reloj, acompañado de toda su familia. Ahí estaba don José Amaguaña a quien hace un tiempo tuve el gusto enorme de conocer y quien me brindó una charla larga y una cerveza (a regañadientes de sus hijas). Al final del recorrido, “los granitos” de Mama Tránsito encabezaron la procesión hacia su tumba. Después de hacer el recorrido de “regreso”, en un ritual familiar, los granitos de ella: cebada, habas, maíz, se convirtieron, a mis ojos, en su propia semilla. El indicativo de que todo volvería a empezar. Cada final, otro comienzo.
De ahí empezamos nuevamente el viaje hacia la tumba que, además sugerentemente estará ubicada en los patios de la antigua hacienda contra la que luchó toda su vida Tránsito Amaguaña. Como una burla a los patrones que la encarcelaron, persiguieron y condenaron, el cuerpo de esta mujer permanecerá en la tierra por la que peleó y de la que al final, tuvieron que salir los patrones. Ella no.
Después de un buen rato, nos fuimos yendo. Las que fuimos en bus o caminando, regresamos de la misma manera, riéndonos además porque bajamos peor que costal de papas. Solo la Mary es capaz de ser guapa en estas circunstancias. Los que fueron en helicóptero, carro oficial y chofer, de la misma manera. “La izquierda bien vestida, jamás será vencida” dice un amigo mío y si uno sólo mira los resultados electorales presidenciales así mismo ha sido.
Sin embargo, me quedo con la certeza inmensa de que los procesos son largos, tan largos como la vida de Mama Tránsito. Y quien se imagine que el silenciamiento del movimiento indígena es definitivo, es porque nunca leyó un poco de historia. Quien crea que el movimiento indígena está acabado, no ha sentido el racismo golpeándole la piel. En estas tierras de montañas siempre hay alguna profecía rondando entre los árboles: “volveré y seré millones” me pareció oír en algún momento.
felicitaciones donha gabriela... bienvenida al apasionante, descarnado y hasta medio morboso mundo de los bloggs... donde uno se deja solo las ropas que quiere y se quita las que no quiere. Me ha gustado tu percepcion del velorio de la transito tna querida
ResponderEliminarHola Gabriela. Que agradable es leer este blog, me encanta. Describe muy bien, lo del entierro. Solo el tema de los amigos de la educación bilingüe: no les tenga recelo, son mashis, muchos de ellos comprometidos con el movimiento, pero el movimiento les ha dejado solos (o al menos no ha defendido a la DINEIB con toda la garra que hubieramos querido; y claro, a veces los burócratas más cuidan el puesto que los ideales: una compa mestiza de la DINEIB había dicho recientemente: "no importa quien esté de jefe, con tal que haya trabajito"
ResponderEliminarPero aún con todas estas incompresiones, fallas y falencias nuestras decimos con usted que el movimiento indígena no está acabado. Gracias